En pleno corazón del Centro Histórico de la Ciudad de México, existe una panadería que ha sabido adaptarse a los horarios y deseos de la capital: La Tahona. Fundada en 1957, esta casa del pan lleva más de medio siglo combinando tradición y frescura, con la curiosidad de mantener una de sus sucursales abierta las 24 horas del día, lo cual la convierte en una parada obligada ya sea para un desayuno temprano o una merienda improvisada a medianoche.

La historia comenzó con Don Venancio, quien le dio nombre al negocio y definió un lema sencillo pero duradero: “Donde se hace el pan”. Con el tiempo, La Tahona se instaló en un sitio estratégico, en Eje Central Lázaro Cárdenas con Belisario Domínguez, lo que le permitió ganar visibilidad y convertirse en una referencia dentro de la panadería artesanal mexicana. Su crecimiento reflejó no solo la expansión física, sino también una ampliación de su propuesta: mantener recetas tradicionales mientras exploraban nuevas combinaciones.

Lo que destaca, sin duda, es el horario continuo de su sucursal del Centro Histórico, una decisión que surgió de forma espontánea y terminó definiendo su identidad. Durante un día de reyes en que los clientes seguían llegando pasada la noche, se planteó cerrar hasta que… «¿Y por qué no seguir horneando?», decidieron. Desde entonces, esa sucursal es un lugar al que muchos acuden cuando ya todo lo demás cerró: tras el trabajo, después de un paseo vespertino, o simplemente para calmar un antojo nocturno de pan recién salido del horno.

La Tahona se distingue por su variedad. Su catálogo incluye alrededor de 200 tipos de panes dulces, además de casi 40 pasteles. Desde las clásicas conchas y orejas, hasta croissants, pan de nata, cronuts y otras piezas más modernas, pasando por las versiones de temporada como la rosca de Reyes o el pan de muerto. Parte de su sello está en utilizar ingredientes de calidad como buen huevo y mantequilla, y en mantener los precios accesibles para que el pan sea un gusto sencillo al alcance de muchos.

La clientela lo confirma: reseñas en línea elogian la frescura de los panes, la atención constante y, sobre todo, la facilidad de encontrar algo rico a cualquier hora del día o la noche. Aquí no solo se compra pan: se vive la panadería como un espacio de tradición viva, que une generaciones, acoge la madrugada y celebra lo cotidiano con piezas que recuerdan sabores de antaño.

Además de su origen artesanal, La Tahona ha sabido conjugar identidad local y ritmo metropolitano. No es tan antigua como otras panaderías centenarias de la ciudad, pero su propuesta de permanecer abierta siempre y ofrecer variedad le ha ganado un lugar especial en la rutina de muchos capitalinos. Ya sea para una torta, un café o simplemente un bolillo caliente, visitarla es conectar con un pedacito del tejido cultural de la CDMX.

Así, esta panadería demuestra que la tradición puede reinventarse sin perderse: al mantener su esencia artesanal, abrir sus puertas ininterrumpidamente y diversificar su oferta, La Tahona se convierte en testigo silencioso de la ciudad que nunca duerme y en refugio para quienes disfrutan del pan recién horneado, a cualquier hora.