Si este fin de año quieres escapar del bullicio de la ciudad y vivir la Navidad rodeado de luces, tradiciones y paisajes pintorescos, hay varios pueblos mágicos cerca de la Ciudad de México que se convierten en auténticos escenarios navideños. Entre ferias, villas iluminadas y árboles gigantescos, cada uno ofrece su propio toque de magia para cerrar el año con alegría.

Uno de los más emblemáticos es Tlalpujahua, en Michoacán, conocido como el “pueblo de la eterna Navidad”. Cada año, desde septiembre y hasta mediados de diciembre, celebra su tradicional Feria de la Esfera, donde los artesanos locales venden esferas de vidrio soplado que llenan las calles de color y brillo. Además, cuenta con una pequeña villa navideña y distintas actividades temáticas que convierten al pueblo en un destino ideal para disfrutar en familia.

Otro clásico imperdible es Atlixco, Puebla, que cada invierno deslumbra con su famosa Villa Iluminada. Este espectáculo de luces incluye recorridos, decoraciones monumentales y eventos de temporada. También se celebra el Brilla Fest, un festival con desfiles, figuras luminosas y hasta un paseo en tren que lleva a un bosque mágico lleno de encanto.

Si prefieres un ambiente más tradicional, Chignahuapan, también en Puebla, ofrece un escenario perfecto con su enorme árbol navideño de más de 60 metros, instalado en la explanada principal. Este pueblo es reconocido por la fabricación de esferas, por lo que la temporada decembrina adquiere aquí un significado especial: cada rincón brilla con el espíritu navideño.

En Mineral del Monte, Hidalgo, las calles empedradas se llenan de luces y el aire fresco invita a caminar por su villa iluminada. Además de las decoraciones, puedes visitar el Museo del Paste, el Museo Casa Grande o subir al Mirador Purísima, desde donde se obtiene una vista espectacular del pueblo.

Por último, Huamantla, en Tlaxcala, celebra la Aldea Mágica, un evento que dura hasta el 6 de enero y combina videomapping, bazares, conciertos y espectáculos para toda la familia. Este pueblo también es conocido por su tradición artesanal, especialmente por La Noche que Nadie Duerme, donde se elaboran alfombras de aserrín colorido para una procesión que deslumbra a visitantes y locales.

Estos destinos no solo ofrecen un respiro de la rutina, sino también la oportunidad de reconectarse con el espíritu navideño en escenarios llenos de historia, cultura y encanto. Así que prepara las maletas, el abrigo y la cámara, porque la magia de la Navidad está a unas horas de la CDMX.